Deep in your eyes.

No era tarde. De hecho, era bien temprano para tomar la micro tomando como referencia los días anteriores. No había sido un día agradable, salvo por un par de partidas de ajedrez jugadas en una hora que correspondía a clases. Y caminó solo hasta el paradero más lejano, mirando hacia atrás de vez en cuando para ver si alguien caminaba junto a él. "Nadie...", pensó. Se sintió aliviado, y con el sol golpeando fuerte como no acostumbra hacer en invierno se sentó sobre los restos de un árbol mientras esperaba.

Tardó demasiado. Quince minutos más tarde otras personas se acercaban al lugar. Pronto aquél sitio lleno de complaciente soledad se vio invadido por extraños que venían a ejercer su derecho a arruinar todo. Tres personas, dos hombres y una mujer se pusieron a su lado a cotorrear. Él sólo miró un momento, fijo y profundo, a los ojos de la mujer. Ella no tardó en notarlo y al sentirse incómoda su primera reacción fue intentar quitar la vista, pero fracasó. Se sintió respaldada por sus acompañantes y tan segura como quien está en grupo, le dice: "Y tú qué mirai?".

Error. No había sido un buen día, no tenía temor a que fuera peor. Sin quitar la vista de ella, sonríe un momento más para que ella pueda pensar una nueva pregunta hostil, pero no le da tiempo para que la exprese. "Acaso no es obvio?". Las palabras fueron directo al punto que ella no tenía contemplado. "Que deje de mirar", "que responda nada", parecían ser algunas de las posibles reacciones de él que ella esperaba. Sus dos acompañantes que recién habían notado su presencia no intervienen, pero incitan en sus posturas una respuesta. Ella cae en la tentación y en el apuro, y sin pensar mucho responde "No, no es obvio". Él emplea la táctica de la primera vez y le deja un poco espacio a su imaginación retorcida. La respuesta había sido pensada desde antes, desde quizás días o semanas, pero jamás puesta en ejercicio. "Quería reírme un rato y me facilitaste la tarea cuando llegaste". No hubo respuesta, ni siquiera de los acompañantes. Venía la micro y pensaban ahora más en irse que en seguir con las preguntas y respuestas. Se subieron al vehículo después de él, quien tomó un asiento y siguió mirando con risa burlesca cómo los otros 3 se quedaban de pie. Tomó su discman y se puso a escuchar música, mientras saboreaba una victoria que jamás había sentido antes. Aún así y sin razón aparente sus ojos se humedecieron.