Tus deseos son mis órdenes.

Sí, pude haber insistido. Pude haber infringido mi propio código sólo para saludar, para escribirle a ella "¡Feliz cumpleaños!" un año más. Pero qué gano yo con ello; qué gana ella con ello. "Nada". La respuesta es simple y lo que debía hacer era sólo una cosa: guardar silencio, y dejarla finalmente en paz. Así no la arrastraré al abismo conmigo, nunca más.

"Por favor bórrame de tus contactos, y no me envíes más correos."
Tus deseos son mis órdenes. Eres libre de vivir feliz.

Adiós.

Opaco.

Es verdad. He ido perdiendo mis energías. He ido abandonando algunas esperanzas. He ido comprendiendo faltas y olvidando rencores. He ido dejando de ser yo. ¿Bien, mal? Depende de quien mire, de cómo mire y de cuándo mire. La mirada de las personas cambia cuando ya están mejor, y lo admirable se vuelve repudiable con una facilidad que me asusta.

Desconfianza. La dama que actúa irregular e impredecible, que me convence de su presencia y me separa de quien quiero cuando jamás me había sentido más cerca. Tantas veces me ha pasado que en la formalidad me hallan frío, difícil de tratar e incluso antipático. Respeto es sinónimo de desconfianza para muchos. No hablar de mí es desconfianza para todos. Pero... pero... no escuchan, eso es.

Solo. Ésa es la palabra exacta. Siempre me dan vueltas las palabras de Mako y cuando pienso en ellas y las pongo en mi caso, me doy cuenta que al menos en este caso son erradas. No se trata de querer, sino de saber. Nadie quiere estar solo, sólo que algunos como yo simplemente no saben estar de otra forma. Y lamentablemente, allá afuera no hay muchas personas dispuestas a ayudar.

Filo. Para variar me gusta una niña en mi universidad, y ni siquiera sé su nombre. Perderé mi tiempo viéndola desde lejos, con al menos treinta personas entre nosotros, procurando que ella jamás sospeche siquiera de mi existencia. Una forma extraña de amar, pero ya lo he dicho, es la única forma que conozco.