Espíritu en hielo.

Ayer tuve una clase de Laboratorio de Procesos Industriales (LPI), para la cual viajo a Valparaíso, en donde cuentan con el equipo industrial adecuado para demostraciones y trabajos prácticos. En la sesión de ayer, tuvimos el módulo correspondiente a Ciencias de Materiales, y vimos temas como la dureza y ductilidad de metales. Nos explicaron qué es el tratamiento térmico y cómo servía para cambiar las propiedades de los metales. Aprendimos en la práctica lo que era la normalización, el recocimiento, el revenido y el templado. Respecto a este último, me vino a la mente la extraña coincidencia: el templado se produce cuando un metal se calienta más allá de su punto crítico, y luego se enfría bruscamente. El resultado es un metal extremadamente duro, pero a su vez extremadamente frágil.

Y con eso, me parecen evidentes las cuerdas que nos unen al mundo, y cómo no sólo todo lo que somos y hacemos, sino cómo lo hacemos y qué recibimos, repercute inevitablemente en la calidad final, en cuanto a dureza y fragilidad, de nuestras propias almas.

Un revenido no vendría mal.