No importa qué tan cercano de la quemante luz del día llegue a estar, el escorpión siempre se protege tras la húmeda piedra. Salir de ahí le convierte en presa fácil, o peor... convierte a quien está allá afuera en su víctima. No importa si es depredador, presa o un simple animal curioso. Ninguno es capaz de soportar el veneno del aguijón protector. Ese aguijón que le cuida, ese aguijón que le mantiene hambriento, ese aguijón que le mantiene único tras la húmeda piedra.
Pero el escorpión sobrevive. Después de todo, es el único que sobrevive al quemante sol.
Pero el escorpión sobrevive. Después de todo, es el único que sobrevive al quemante sol.
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